Organización y Estructura
La estructura organizativa de las Administraciones Públicas responde a los principios de la burocracia, caracterizándose por la centralización jerárquica y la agrupación funcional de unidades.
Las administraciones públicas han tendido históricamente a ampliar sus organigramas e incrementar el número de puestos de jefatura.
Una estructura con numerosos niveles jerárquicos dificulta la delegación de autoridad y responsabilidades al tiempo que complica el desarrollo de los procesos de trabajo.
Las estructuras, por consiguiente, deben ser rediseñadas. Han de buscar la flexibilidad y la adaptación a los procesos y no, como ocurre ahora, los servicios y procesos a la estructura. Al mismo tiempo, es necesario encontrar formas de organización que hagan posible la asunción de responsabilidades por parte de directivos y el logro de resultados.
El desarrollo de estructuras más eficaces ha de tener en cuenta algunos parámetros de diseño:
- Adaptación a las características del entorno.
- Integrar en el nivel de dirección más próximo al nivel operativo todas las actividades que son de una misma naturaleza, tienen una misma finalidad o poseen características homogéneas.
- Diseñar el organigrama sobre la base de los procesos de trabajo que son, en suma, los responsables de los resultados que se obtienen.
- Definir los órganos de coordinación y control horizontal sobre el principio de que todas sus actividades tienen que ser un servicio de valor añadido a los servicios finalistas que presta la entidad, al menor coste posible.
- Reducir el número de niveles jerárquicos, trasladar a cada jefatura la capacidad necesaria para adoptar todas las decisiones que le afecten.
- Desarrollar el trabajo en equipo y el enfoque del trabajo basado en proyectos.