Municipalismo Iberoamericano

La democracia se ha establecido como la opción para generar gobiernos legítimos. La denominada “tercera ola de la democracia”, que se inicia en 1974 en los países del sur de Europa, se extendió a Latinoamérica desde la década de los 80 de modo que, en la actualidad, la mayor parte de los países de la región están gobernados por regímenes democráticos.

Queda fuera de toda duda el avance y la consolidación de la democracia, que constituye en América Latina y el Caribe la forma de gobierno preferida, tal y como de forma consistente muestran los estudios que anualmente realiza el Latinobarómetro, si bien con diferencias en el grado de aceptación entre los distintos países. No obstante, la percepción general es que los beneficios de la democracia aún están por cristalizar en cuanto a las expectativas de bienestar relacionadas con el crecimiento económico.

Se ha dado por tanto un proceso en el que se ha asentado la democracia, recuperando las libertades civiles. Sin embargo, las demandas ciudadanas se han desplazado, tras la recuperación de las libertades, hacia otros aspectos como las garantías sociales y la igualdad de oportunidades. En definitiva, y en general, hacia una profundización de la democracia, hacia una mejora de su calidad.

La democracia exige más democracia y, en cualquier caso, debe evolucionar y desarrollarse. La democracia crea expectativas que pueden llevar a la desafección en caso de no verse cumplidas, máxime cuando el desarrollo económico se desacelera o retrocede.

Por primera vez desde la crisis asiática la satisfacción con la democracia cae a la par con la caída del PIB”, afirma el Latinobarómetro de 2011. De hecho, el apoyo a la democracia bajó tres puntos respecto del 2010, pasando del 61% al 58%.

En España, y según el panel postelectoral de las elecciones de 2011 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el grado de satisfacción con el funcionamiento de la democracia se sitúa en una media de 4,6, sobre 10. De este mismo estudio se desprende que los españoles tienen más confianza en las ONG que en el Parlamento o en los partidos políticos. El dato es bastante elocuente.

Municipalismo Iberoamericano

De ahí que el objetivo que se plantea este X Congreso (Conocer, dialogar y contrastar los marcos teóricos, los modelos de referencia y las buenas prácticas de innovación y transparencia, calidad en la gestión pública y buen gobierno como aspectos claves para recuperar la confianza de la ciudadanía en las instituciones de gobierno) es enormemente relevante, pretendiendo establecer un fructífero debate sobre el Buen Gobierno y la Calidad de la Democracia.

Calidad de la Democracia que puede entenderse desde una triple dimensión: Cumplimiento de los procedimientos previstos (que incluiría los principios de legalidad y de responsabilidad o rendición de cuentas); respeto efectivo a los derechos de los ciudadanos (civiles, políticos y sociales) y resultados alcanzados en la percepción de los ciudadanos en cuanto a la satisfacción de sus necesidades (donde se encuadrarían los principios de legitimidad y de respuesta a las demandas ciudadanas o responsividad).

Pero calidad de la democracia y buen gobierno pueden ser conceptos relacionados, pero no idénticos. Calidad de la democracia, aún reconociendo la diversidad en cuanto a las aproximaciones conceptuales del término, se refiere a aspectos procedimentales y, según algunos puntos de vista, también a los resultados a alcanzar con relación al desarrollo económico, la justicia social o la igualdad.

Buen gobierno, o buena gobernanza, se entiende más como un modo de gobernar que se traduce en la participación de las instituciones públicas, privadas y, en general, de las redes de actores de un territorio, en la resolución de problemas que afectan al interés general, así como la aplicación de criterios de transparencia y responsabilidad en el ejercicio de la acción pública.

Buen gobierno significa entonces gobernar, pero no únicamente de forma democrática, sino también eficaz.

Una referencia clarificadora al respecto es la que hace el Código Iberoamericano de Buen Gobierno, adoptado por los Jefes de Estado en el marco de la XVI Cumbre Iberoamericana celebrada en Montevideo en 2006:

“Se entiende por buen gobierno aquél que busca y promueve el interés general, la participación ciudadana, la equidad, la inclusión social y la lucha contra la pobreza, respetando todos los derechos humanos, los valores y procedimientos de la democracia y el Estado de Derecho.”

Incluye la declaración elementos relacionados con el buen gobierno así como otros que pueden encuadrarse en el marco conceptual de la calidad democrática, más que sugiriendo que, sin esta última, el buen gobierno no es posible.

Centrándose en el contexto de lo local, hay que considerar el entorno actual, crecientemente globalizado, donde cobra una importancia decisiva el papel de los gobiernos locales, que han de modificar su rol y asumir un creciente protagonismo en los procesos de desarrollo de sus municipios. Y es que, efectivamente, es de los gobiernos locales de quienes depende el desarrollo de los territorios y la calidad de vida de los ciudadanos. Este punto de vista supera por tanto la visión de las administraciones locales como prestadoras de servicios.

Por consiguiente, se trata más de gobernar que de administrar, ya que gobernar implica en ejercer la efectiva capacidad de influenciar y ser protagonista del cambio. Administrar tiene más relación con la gestión de los servicios públicos, la regulación de las actividades del municipio y la administración de normativas.

Lo anterior no se contradice con el objetivo de mejorar la calidad de los servicios públicos. Al respecto el Código Iberoamericano de Buen Gobierno contempla: “que la gestión pública tenga un enfoque centrado en el ciudadano, en el que la tarea esencial sea mejorar continuamente la calidad de la información, la atención y los servicios prestados”.

Un elevado nivel de la calidad de los servicios públicos, de hecho, contribuye al acrecentamiento del bienestar ciudadano y del compromiso de la ciudadanía con sus gobernantes, con el territorio y con su desarrollo.

Por tanto en octubre tendremos la oportunidad de profundizar en estas cuestiones, tan actuales como necesarias, a lo largo de la Semana del Municipalismo Iberoamericano: Buen Gobierno y Calidad de la Democracia Local, donde tendrán protagonismo temáticas relacionadas con la transparencia, los valores y la ética pública, el desarrollo, la gobernanza y la sostenibilidad, la participación ciudadana y la sociedad civil organizada, el fortalecimiento de la cohesión social, los nuevos movimientos sociales, la igualdad y la equidad, la justicia social los valores democráticos, la responsabilidad, la rendición de cuentas y la calidad de gobierno.

Clemente Talavera Pleguezuelos

Gerente de Aiteco Consultores

(Artículo publicado en la revista EDIL, nº 45. Junio de 2012. Unión Iberoamericana de Municipalistas)

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