La gobernanza local democrática supone un proceso de toma de decisiones compartidas por los distintos actores del territorio, desde un enfoque participativo. No se trata tanto de gobernar a la sociedad, sino de gobernar con la sociedad.

En este mismo sentido AERYC (Movimiento América-Europa de Regiones y Ciudades para el desarrollo de la Gobernanza Territorial), en su congreso de 2005, definió la gobernanza democrática territorial como:

 “Un nuevo arte de gobernar los territorios (el modo de gobernar propio del gobierno relacional), cuyo objeto es la capacidad de organización y acción de la sociedad, su medio es la gestión relacional o de redes, y su finalidad es el desarrollo humano”.

De esta forma, la gobernanza local democrática tendría como principales instrumentos de gobierno a “la gestión de la calidad de las interdependencias, o relacional, entre ciudades y regiones, así como las relaciones entre los actores públicos y privados, y el fortalecimiento de la participación y responsabilidad ciudadana, sus principales instrumentos de gobierno”.

Y ello desde la perspectiva de los valores de la calidad democrática en los términos definidos anteriormente. Es decir, respondiendo a principios de Estado de derecho, transparencia y rendición de cuentas, libertad, igualdad, participación y capacidad de respuesta.

Gobernar, más que Administrar

El protagonismo de nuevas formas de gobierno basadas en la gobernanza democrática adquiere además, en el contexto de lo local,  especial relevancia en un  entorno como el actual crecientemente globalizado. En este, cobra una importancia decisiva el papel de los gobiernos municipales; son esos los que han de modificar su rol y asumir un creciente protagonismo en los procesos de liderazgo y de desarrollo de sus territorios.

Se trata entonces de gobernar, más que de administrar. Porque si administrar tiene relación con la gestión de los servicios públicos, la regulación de las actividades del municipio y la administración de normativas, gobernar implica en ejercer la efectiva capacidad de influenciar y liderar el territorio.

De esta forma, los gobiernos municipales deben configurar su papel como organizadores colectivos, más que como gestores de recursos[1]. Deben asumir la importancia de la mejora de la capacidad de organización de la sociedad para el desarrollo económico y humano, actuando en consecuencia.

Han de comprender que las relaciones de colaboración y cooperación, bien gestionadas, pueden generar sinergias. Por ello los gobiernos locales deben integrar y desarrollar enfoques y políticas que impulsen y hagan efectivas la mejora de la cantidad, intensidad y calidad de las relaciones entre los actores de su territorio. Este accionar habrá de producir espacios de encuentro generadores de conocimiento e innovación, factores clave en el desarrollo del territorio.

Gobernanza Local Democrática y Gestión Relacional

La gobernanza local democrática implicaría la gestión de las interdependencias de los actores implicados en el territorio, en la ciudad, promoviendo la colaboración entre esos diversos actores, incluyendo a la ciudadanía, involucrándola.

A este enfoque se le denomina “gestión relacional”. En palabras de Esteve (2006):

 “La gestión relacional o de las interacciones e interdependencias incide directamente en el desarrollo humano de las ciudades, dado que su finalidad es la mejora de la capacidad de organización y acción de la sociedad”.

La gestión relacional que no tiene que abarcar a la totalidad de las redes y relaciones, sino a aquellas significativas desde el punto de vista del desarrollo del territorio que, fundamentalmente, serían de dos tipos.

  • Las que implican a los actores con más capacidad para la transformación: otras administraciones de los distintos niveles del gobierno; tales como agentes sociales institucionales, profesionales y económicos, y el sector privado.
  • Aquellas otras que permitan articular el territorio y dotarlo de mayor capital social: asociaciones, organizaciones sociales y entidades de la sociedad civil organizada en general. Sin olvidar a la ciudadanía no encuadrada en las anteriores.

A modo de resumen podemos destacar los siguientes puntos:

  • En el contexto de lo local, y en un entorno como el actual crecientemente globalizado, cobra una importancia decisiva el papel de los gobiernos municipales. Estos han de modificar su rol y asumir un creciente protagonismo en los procesos de liderazgo y de desarrollo de sus territorios.
  • Como ose ha expresado anteriormente, es cuestión más de gobernar que de administrar. Si administrar tiene más relación con la gestión de los servicios públicos, la regulación de las actividades del municipio y la administración de normativas, gobernar implica en ejercer la efectiva capacidad de influenciar y liderar el territorio.

Es de este modo que los gobiernos locales han de:

  • Configurar su papel como organizadores colectivos, más que como gestores de recursos.
  • Asumir la importancia de la mejora de la capacidad de organización de la sociedad para el desarrollo económico y humano y actuar en consecuencia.
  • Comprender que las relaciones de colaboración y cooperación, bien gestionadas, pueden generar sinergias.
  • Integrar y desplegar enfoques y políticas que impulsen y hagan efectivas la mejora de la cantidad, intensidad y calidad de las relaciones entre los actores de su territorio.
  • Lo que habrá de producir espacios de encuentro generadores de conocimiento e innovación, factores clave en el desarrollo del territorio.


Nota

[1] Esteve, JM.; Paricio, A. (2006). La gobernanza democrática: un nuevo enfoque para los grandes retos urbanos y regionales. Andalucía: Consejería de Gobernación; Dirección General de Administración Local, 2006.

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