Se denomina “taylorismo” a la teoría de la administración formulada por Frederick Taylor, centrada en el análisis científico del trabajo como proceso.

Aún en la actualidad, buena parte de los modelos para la organización del trabajo están fuertemente influidos por los principios expuestos por Taylor, cuyo primer libro, The Principles of Scientific Management, fue editado en 1911.

Coincide su publicación con el inicio de la producción industrial a gran escala.


Una Semblanza de Frederick Taylor

Taylor fue un joven físicamente débil y con problemas de visión. Esta condición probablemente afectó a su trayectoria profesional. El hecho es que Taylor, en lugar de participar en los juegos, observaba el desarrollo de estos. Así, mientras los demás jugaban, él era espectador. Pero un espectador un tanto peculiar, ya que analizaba la mecánica de los juegos.

El análisis de los movimientos, trayectorias, ángulos, impulsos e instrumentos de juego le llevaba a plantear alternativas para mejorar el rendimiento de los jugadores. No es de extrañar, entonces, que ideara una raqueta de tenis de tal eficacia que las autoridades deportivas no aprobaron su uso; tal era la ventaja que, al parecer, concedía al jugador que la empuñaba.

Al parecer tuvo algo más de suerte con el beisbol, de forma que los actuales palos de este deporte están basados en sus diseños.

Esta breve presentación nos sirve para comprender el hecho de Taylor, en cuanto comenzó su trabajo en los talleres de Midvale Steel Works, mantuviera la misma actitud observadora y analítica que en su juventud. Solo que ahora, analizaba los métodos que se utilizaban en el lugar de trabajo. De este modo, y mediante los estudios de métodos y tiempos, ideó un nuevo sistema para le ejecución de las operaciones del taller, basándose en la medición de los tiempos necesarios para completar las tareas.

Posteriormente, Taylor se licenció en ingeniería mecánica (1883). Y fue promocionado a ingeniero jefe en Midvale. Su primer objetivo en ese puesto fue diseñar un taller de máquinas aplicando sus conceptos de análisis científico del trabajo.

Más adelante fue gerente de Manufacturing Investment Company y, finalmente, se dedicó a promover sus métodos de mecanización y adminstración. 

Taylorismo y Dirección Científica de Empresas

La dirección científica de empresas se fundamentaba en la división del trabajo. Por una parte, las funciones de planificación y ejecución se separaban totalmente.

La planificación, y su responsabilidad, pasaba a manos exclusivas de los directivos. Mientras, la ejecución era actividad y responsabilidad de los trabajadores. Éstos quedaban desposeídos de la necesidad de “energía intelectual” para realizar su trabajo. De hecho, las tareas eran simplificadas al máximo, lo que facilitaba el control por parte de la dirección. Y hacía poco menos que imposible cualquier intervención por parte de los operarios.

Partiendo de una medición objetiva del tiempo necesario para realizar una tarea, se disponía de una muestra para la medida del rendimiento. Tomando como referencia el tiempo necesario para producir un número de piezas, se introdujo un sistema de remuneración, que perfeccionaba el conocido destajo, basado en la doble tarifa por pieza.

Esto se traducía en una remuneración, por pieza, inferior hasta que se llegaba a una cantidad programada, pasando a ser significativamente superior cuando se había rebasado dicha cantidad. Se resolvía así la “tendencia natural a tomárselo con calma” (Taylor, 1911[1]) de los trabajadores.

Estaba presente una concepción mecanicista de las tareas realizadas por los trabajadores. Se les consideraba como un elemento más del proceso productivo. Con capacidad para diferentes movimientos mecánicos y repetitivos, pero sin necesidad de pensar respecto a sus ocupaciones. Sobre esta base, se determinaba cuál era el mejor sistema para realizar un trabajo. La obtención de este sistema se daba mediante estudios de tiempos y el análisis de movimientos.

Principios del Taylorismo

Son tres las normas básicas para la organización del trabajo:

  • Separación de la planificación del trabajo y su ejecución. Así, toda tarea debía ser cuidadosamente analizada para determinar qué herramientas y métodos serían aplicados.
  • Medición de tiempos. Estimación del tiempo estrictamente necesario para llevar a cabo las operaciones. De este modo se dispone de un criterio para medir el rendimiento. Una consecuencia de esto son los estudios de tiempos y métodos.
  • Implementación de sistemas de remuneración que incentiven el cumplimiento de los criterios de producción, y penalice rendimientos inferiores.
  • Asignar a los trabajadores a las tareas en función de sus características. Es decir, tener en cuenta la capacidad y motivación de los operarios para que trabajen con la mayor eficacia y la máxima eficiencia.

Impacto de la Dirección Científica de Empresas

El taylorismo ha sido frecuentemente denostado. Ya no solo en tiempos más actuales, sino desde su mismo origen. Sin embargo, Taylor defendía la prosperidad de empresarios y trabajadores.

Argumentaba que un incremento en la productividad beneficiaba a ambos; en tanto que los empresarios obtenían mayores beneficios, los trabajadores ganarían más dinero como consecuencia de su mayor rendimiento.

Las ideas de Taylor fueron innovadoras en muchos terrenos. Con aportaciones como el desarrollo de métodos de trabajo fundamentados en el análisis de tareas; la selección y formación de los trabajadores para realizar adecuadamente éstas, así como el reconocimiento de que los objetivos tenían que ser claros y entendibles por parte del personal que había de llevarlos a cabo.

Si bien su enfoque era simplista en cuanto a la creencia de que la única motivación era la económica. En este sentido, puede considerarse la expresión más contundente de lo que McGregor denominó Teoría X.

El taylorismo provocó notables incrementos en la productividad de las empresas. Esto hizo que el taylorismo atrajera fuertemente la atención, siendo aplicado de modo generalizado, hasta el punto de que hoy día es no es infrecuente encontrar una actitud taylorista respecto a la gestión de las personas.

A medida que la formación y los niveles cultural y económico de los trabajadores fueron aumentando, al igual que la posibilidad de cambiar de trabajo, se elevaron las tasas de absentismo y rotación. También la insatisfacción provocada por la ejecución repetitiva de operaciones simples.

De hecho, el mundo cambia aceleradamente, y también el contenido y características de los puestos de trabajo. Se precisa una orientación más acorde con lo contemporáneo. Sin embargo, muchos de los planteamientos tayloristas se encuentran aún presentes, y con fuerza, en nuestras organizaciones.


Notas

[1] Taylor, F. W. (1911). The principles of scientific management. New York: Harper & Brothers.

Administración Pública, Calidad, Gestión de las Personas, Buen Gobierno Local

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