En el desarrollo de una presentación pública, un objetivo instrumental es concitar el interés de la audiencia. El mensaje que usted quiere trasladar puede tener como meta convencer de algo, informar, movilizar a hacia la acción, … Pero, si no interesa al público, no obtendrá buenos resultados.

Es por eso por lo que uno de los principales objetivos de toda intervención es suscitar el interés de las personas a quienes se dirige. Si no lo consigue, la consecución de las metas se verá dificultada, a veces, de forma dramática.

Sin cautivar el interés de la audiencia, es muy probable que su intervención fracase. Porque tan importante es tener un buen contenido, bien estructurado y diseñado, como transmitirlo de forma amena y, por qué no, hasta divertida.

Pero si hay algo que debe evitar en todo momento es el aburrimiento. Es desalentador ver cómo la gente que está en la sala consulta sus celulares o, directamente, bosteza.

No obstante, tenga en cuenta que es muy difícil, si no imposible, que todas las personas de la sala le presten atención en todo momento, Sin embargo, sí que puede lograr que el balance general sea muy positivo, consiguiendo que le presten atención. Y si le prestan atención, los objetivos finales de su presentación estarán más cerca.

Desarrollo de una Presentación: Aspectos Previos

Al margen del conocimiento que tenga de la materia sobre la que va a hablar, siempre deberá planificar muy bien lo que va a decir, y en esa planificación deberá considerar la forma en que va a hacerlo.

Tenga presente que, aunque usted sea una autoridad en el tema, siempre tiene el riesgo de aburrir. Incluso es posible que esa seguridad sobre su experiencia le pueda llevar a relajarse y efectuar el desarrollo de una presentación sin pulso, sin el ritmo y los recursos necesarios para mantener a su público interesado. 

Así, antes de la presentación, pregúntese sobre cuáles son los intereses de los oyente; qué les preocupa y motiva. Póngase en el lugar de la audiencia, le facilitará esta tarea previa. Y considere que, el mismo título que dé a su presentación, puede trabajar positivamente para generar atención e interés. La primera tarea que tiene, por tanto, la desarrollará antes de la intervención en sí.

Aprendizaje


No tendrá la atención si su intervención no se relaciona con los intereses y motivación de la audiencia.

Cómo Provocar el Interés en una Presentación Pública

Para hacer de su presentación un acontecimiento interesante, tiene varias alternativas. Veamos algunas de ellas.

Capte la atención desde el principio

Tenga previsto un inicio que llame la atención. Preséntese brevemente, si es que no le han presentado ya, y agradezca la asistencia a su charla o conferencia. Pero hágalo con brevedad.

No se extienda en contar de qué va a tratar la exposición y qué estructura tendrá. Piense que en la convocatoria ya se informa sobre el tema del que va a hablar.

Y sea un tanto original. Puede utilizar algún de los recursos siguientes:

  • Una cita. Hay una gran cantidad de frases de personajes célebres, que puede localizar fácilmente, para ajustarlas a los fines de su intervención.
  • Presentar un escenario posible: “¿Qué pasaría si…?”
  • Plantear una pregunta retórica que haga reflexiona a la audiencia: “¿Quién no querría practicar un liderazgo efectivo?”
  • Utilizar un dato o estadística potente: “Los expertos calculan que, en 2100, Venecia, quedará completamente sumergida bajo el agua”.
  • Contar una historia o una anécdota relevante.

El Primer Minuto

Una vez que haya sido presentado ante la audiencia, diríjase hacia la posición del orador caminando con confianza, relajado. Dispóngase para hablar y mire a la sala, iniciando el contacto visual. Recorra con la mirada a las personas que se encuentran en ella y diríjales una sonrisa amable.

Al principio, limite sus movimientos y gestos, dejando que las personas se acostumbren a su presencia.

Utilice un estilo conversacional

Si bien una presentación pública no es una conversación, una buena intervención se hace con un estilo conversacional. De esta forma, se involucra mejor al público, que percibe el mensaje como más familiar. Las personas se sienten así más importantes, más cómodas, con la sensación de que están participando activamente.

Cuando se utiliza un estilo conversacional, es más fácil implicar al público, porque se traslada mejor la sensación de estar hablando a cada persona, más que a un auditorio.

Evidentemente, no querrá que su intervención parezca ensayada y autómata. Al hablar de forma directa y conversacional, usted será percibido como más sincero y natural. De este modo, concitará la atención y el interés de la audiencia.

Aprendizaje


Hablar en público significa comunicarse con la audiencia, no limitarse a transmitir en una sola dirección. Constituye una conversación entre el orador y la audiencia.

Para imprimir ese tono de diálogo, lo conveniente es no dirigirse al grupo globalmente, sino hacerlo uno a uno.

Para ello, mantenga el contacto visual directo “persona a persona”. Es decir, hable como si en cada momento se estuviera dirigiendo a una persona.

Recomendación


Procure que su discurso suene espontáneo, aunque esa “espontaneidad” la haya preparado concienzudamente. Lo que puede parecer improvisado, en muchas ocasiones está preparado.

Transmita entusiasmo y dinamismo

Cuando se lleva a cabo una presentación, el orador necesita mostrar entusiasmo y confianza en lo que dice. El entusiasmo es contagioso y nadie permanece impasible ante él.

Muestre interés por el tema objeto de su presentación pública y explique el porqué de tal interés. Utilice, entonces, un lenguaje no verbal adecuado. El entusiasmo se transmite mediante la comunicación no verbal: los movimientos y expresiones, los gestos, el tono de voz, la expresión de su rostro.

A lo largo del desarrollo de una presentación pública, el dinamismo, a su vez, es clave para implicar a la audiencia en el mensaje. Es el nivel de energía con que se realiza la presentación pública.

Durante el desarrollo de una presentación, se transmite mostrándose entusiasta e involucrado en el tema, manejando las manos con gestos apropiados, no permaneciendo estático y utilizando un tono de voz variado, junto con la profusión de contacto visual. Así, se consigue maximizar la atención de auditorio.

Aprendizaje


Si un orador se muestra aburrido, la audiencia también se aburrirá.

Utilice el humor

El humor es un estupendo recurso para mantener la atención de la audiencia. Ha de utilizarse en el momento apropiado; por ejemplo, cuando se quiere enfatizar un aspecto de la presentación pública, o si se pretende relajar al auditorio.

También es práctico si detecta que está bajando el nivel de atención.

Cualquier historia o muestra de humor ha de plantearse con naturalidad. Recuerde que usted está en el rol de orador, no de humorista. ¡Si arranca carcajadas de forma continua, quizá deba plantearse ser monologuista!

Hay una regla a seguir: si duda del éxito de su historia de humor, omítala. Y si la cuenta, pero no provoca al menos unas sonrisas, continúe impasible, como si no hubiera querido hacer un chiste. Siga adelante como si nada.

En todo caso, las historias divertidas deben estar relacionadas con el tema de la intervención.

Y jamás se ría de los demás. Es más conveniente reírse de uno mismo que de otros.

Recomendación


El humor debe usarse con moderación y en el momento oportuno. Concíbalo como una herramienta para mejorar su intervención, no como una distracción.

Cuente anécdotas e historias personales

Las historias personales son mejor recordadas que los datos, gráficos o estadísticas.

Se utilizan para enfatizar un mensaje, ilustrar un punto importante o estimular la reflexión. Inciden positivamente en la atención de la audiencia.

Han de estar relacionadas con la materia de la presentación y ser breves.

Sorprenda y reoriente cada 10 minutos

Tenga en cuenta que la atención tiende a decaer desde el inicio de la presentación, reduciéndose enormemente a los 10 minutos. Para evitar este decaimiento de la atención, ha de actuar cada 10 minutos reenfocando la atención.

Puede hacerlo realizando un breve resumen de lo dicho o planteando conclusiones parciales. También puede utilizar algunos otros recursos, como relatar una historia personal o una anécdota, realizar algunas preguntas que impulsen a la reflexión, o plantear alguna narrativa que provoque una respuesta emocional. El objetivo es reimpulsar la atención, dirigiéndola de nuevo hacia su presentación.

Es más que conveniente que estas acciones las haya planificado anteriormente.

Estructurar el desarrollo de una Presentación. Regla de los 10 Minutos




Planifique cómo renovar la atención del auditorio cada 10 minutos[1]

Gestione las pausas

En el desarrollo de una presentación pública, el silencio es un recurso muy potente para estimular la atención. Recuerde alguna intervención en la que se ha producido una pausa y cómo, entonces, se ha renovado el interés por el orador y su discurso.

Una pausa opera como un “punto y aparte”. Como un cambio en la exposición que genera interés. Para que realmente funcione, no han de ser muy cortas, ya que no serían consideradas como tales.

Tampoco demasiado largas. El silencio crea cierta tensión, que ha de aprovecharse, pero no provocar malestar. Una pausa de 5-10 segundos suele funcionar muy bien.

Utilice las pausas cuando es necesario tener al auditorio concentrado en su presentación. Por ejemplo, antes de exponer una conclusión. O cuando se dispone a decir algo que considera importante y que requiere de la atención del público.

Aprendizaje


El cerebro configurado para responder a los cambios. Las pausas proporcionan el cambio que permite a las personas mantener la concentración.

Pregunte

Las preguntas son excelentes herramientas para provocar la atención de los asistentes.

Así, puede utilizar preguntas retóricas. Es decir, aquellas para las que no se espera una respuesta y que serán respondidas por el orador. Estas, son muy útiles para mantener el interés y llamar la atención sobre algo.

Después de una pregunta retórica, se mantiene un silencio de no más de diez segundos. Se abre, así, un breve intervalo para la reflexión de la audiencia.

También se utilizan preguntas directas para que sean contestadas desde la audiencia. En caso de que esta no responda, reformúlela y respóndala usted mismo, mientras continúa con su exposición.

Desarrollo de una Presentación: Ejemplo de pregunta directa

¿Sabe alguien qué órgano es el que consume más energía?»

Si no hay respuesta tras diez segundos, continuamos: «El cerebro. Consume el 20% del total de las calorías”

Ejemplo de pregunta retórica

¿Saben cuántas toneladas de residuos de plástico produjo Europa en 2017 y cuántas se reciclaron?

Sólo se recicló un tercio de las 27 millones de toneladas de residuos de plástico producidas anualmente, y la mitad de este material acabó en los vertederos.

Las preguntas permiten destacar los mensajes e involucrar a la audiencia. Las más adecuadas son las preguntas abiertas: Qué, Cuándo, Cómo, Dónde, Cuál….

Finalmente, en el desarrollo de una presentación pública, maneje adecuadamente la comunicación no verbal. Esta es responsable de un porcentaje muy elevado de lo que se transmite, sobre todo de actitudes y emociones.


Nota

[1] Medina, J. (2008). Exprime tus neuronas.12 reglas básicas para ejercitar la mente. Barcelona: Gestión 2000.

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