El concepto de memoria de trabajo (o memoria operativa) se refiere al sistema que permite mantener en la mente y manipular la información necesaria para realizar tareas complejas, tales como razonar y comprender.

Constituye el sistema de memoria donde se almacenan pequeñas cantidades de información durante un tiempo muy corto. Equivaldría a aquello de los que somos conscientes en un momento determinado.

Conocer en qué consiste la memoria de trabajo y cómo optimizarla hace que sea especialmente importante cuando se desarrollan actividades dirigidas al aprendizaje y, en general, a transmitir ideas y conceptos.

Desde el punto de vista del aprendizaje, la memoria de trabajo (MT) es la que permite, bajo determinadas condiciones, trasladar la información a la memoria a largo plazo (MLP), de forma que pueda ser recuperada en un momento posterior.

Este concepto de memoria operativa ha evolucionado de aquél otro de memoria a corto plazo (MCP), que consiste en el almacenamiento de pequeñas cantidades de información durante periodos de tiempo muy breves.

De hecho, la conceptualización de ambos términos presenta diferencias sustanciales. Así, la memoria a corto plazo tiene un carácter pasivo, al referirse únicamente a la función de almacenamiento. La memoria de trabajo, sin embargo, implica operar, actuar sobre la información, manejarla, en un rol activo.

Los Almacenes de Memoria

Antes de introducirnos en el funcionamiento de la memoria de trabajo, nos detendremos en el modelo multialmacén (Atkinson y Shiffrin, 1968 [1]). La idea central es que la memoria no es un entidad única, sino que está compuesta por distintas estructuras que pueden representarse gráficamente como tres “almacenes” que conforman el sistema de la memoria: sensorial, memoria a corto plazo y memoria a largo plazo.

Estos almacenes están conectados por una serie de procesos de control que dirigen el flujo de información entre ellos.

De esta forma, la información detectada por nuestros órganos de los sentidos entra en la memoria sensorial, en la que persiste durante un brevísimo intervalo (de 0,25 a 0,5 segundos) tras el cual se desvanece si no es atendida.

Almacenes de Memoria (Atkinson)
Almacenes de Memoria (Atkinson)

En caso de que la información sensorial se atienda, esta ingresa en la memoria a corto plazo y, entonces, y solo si la información se repasa (se ensaya), se transfiere a la memoria a largo plazo, almacén ilimitado que puede mantener la información indefinidamente. Si no se lleva a cabo la repetición, o ensayo de mantenimiento, la información se perderá.

Este enfoque supone que el mantenimiento de la información en la MCP y su ensayo (repetición) garantiza su transferencia a la MLP algo que ha sido cuestionado; al igual que el planteamiento de que la memoria a corto plazo y la memoria de trabajo (memoria operativa) son lo mismo.

Modelo de la Memoria de Trabajo

Con el fin de superar el modelo anterior, dando respuesta a sus deficiencias, Baddeley formuló un modelo alternativo (Baddeley y Hitch, 1974 [2]; Baddeley, 1986 [3] ; Baddeley, 2000 [4]).

Como se ha mencionado, la memoria a corto plazo representa un espacio para almacenar y procesar información aquí y ahora. “Representa”, porque no es un espacio físico en sí situado en una estructura concreta del cerebro, sino un sistema de procesamiento de la información en el que están implicadas distintas regiones de aquél.

El modelo de Atkinson asumía que la memoria a corto plazo lleva a cabo funciones simultáneas de almacenamiento y procesamiento de la información. Sin embargo, Baddeley y Hitch desarrollaron un conjunto de investigaciones que cuestionaban ese punto de vista, mostrando evidencias de que procesamiento y almacenamiento, aunque compartan recursos, operan bajo estructuras distintas.

Así, según su planteamiento, la memoria de trabajo es memoria a corto plazo. Sin embargo, en lugar de que toda la información se procese en un solo sistema, existen distintos tipos de sistemas para diferentes tipos de información.

Aprendizaje


La memoria de trabajo contiene la información de la que se es consciente de inmediato, pero que no durará apenas tiempo. En este momento, y mientras lee estas palabras, usted está formando un memoria de funcional de ellas, pero no las recordará a menos que haga “algo” con ellas; es decir, actúe sobre la información procesándola de algún modo.

¿Cuándo utilizamos la Memoria Operativa o Memoria de Trabajo?

Estamos continuamente utilizando la memoria de trabajo. Algunos ejemplos son:

  • Cuando planificamos y llevamos a cabo una tarea.
  • Al sumar mentalmente un conjunto de números; o al multiplicarlos y dividirlos. En general, al hacer cualquier operación aritmética, por sencilla que sea.
  • Para combinar las ideas sugeridas en una conversación o presentadas en una conferencia.
  • Para hacer una paella sin cometer errores que le impidan triunfar con sus invitados, al realizar la compra de una lista de productos.
  • Al escribir un artículo.
  • Cuando tratamos de integrar dos o más eventos que han tenido lugar en un corto periodo de tiempo, como lo que se dice en una conversación.
  • Al asociar un conocimiento nuevo con información de la memoria de largo plazo.
  • Si queremos llevar a cabo una tarea, cuando se pone la atención en otra cosa (tareas simultáneas).
  • Pensar en lo que está sucediendo en un momento determinado.
  • Al intentar seguir las instrucciones del formulario para la declaración de la renta.
  • Encontrar la habitación del hotel.
  • En la lectura y comprensión de este artículo.

La lista sería interminable, porque utilizamos la memoria operativa para estar atentos a cualquier momento. Si se apaga, es porque no estamos conscientes.

Componentes de la Memoria de Trabajo

Desde esta perspectiva, la memoria de trabajo puede entenderse como un sistema compuesto por varias partes responsables de funciones diferentes y relativamente independientes. Y cada una de ellas procesa una cantidad limitada de información.

Modelo de Memoria de Trabajo, Memoria operativa, (Baddeley)
Modelo de Memoria de Trabajo (Baddeley)

Bucle Fonológico

El bucle fonológico es la parte de la memoria de trabajo que se encarga del material hablado y escrito, el cual almacena y procesa. Permite memorizar temporalmente palabras, oraciones y dígitos.

Por ejemplo, es la que utilizamos para memorizar un número de teléfono. También es el sistema que empleamos para procesar problemas aritméticos, nuevas palabras o una dirección postal.

Consta de dos componentes: el almacén fonológico y el control articulatorio. Como veremos ahora, no es difícil entender la relación entre ellos.

Almacén Fonológico

Está relacionado con la percepción del habla. Es un almacén pasivo que aloja y manipula la información verbal durante un breve un intervalo de tiempo que oscila entre 1’5 y 2 segundos. Tras este intervalo, las huellas de memoria decaen, haciéndose irrecuperables. No obstante, estas huellas pueden recuperarse mediante el repaso subvocal.

Cuando usted escucha una serie de palabras, podrá mantenerlas en la memoria de trabajo siempre que las repita, aunque sea de manera silenciosa, para usted mismo sin articulación vocal y audible. Es por ello por lo que el almacén fonológico es referido como el “oído interior”.

Este “repaso” es llevado a cabo por el segundo componente, el control articulatorio. Cabe decir que este proceso no se da únicamente con las palabras habladas. El material escrito también pasa por este proceso, de forma que la información presentada visualmente es subvocalizada para que pase al almacén fonológico.

Por ejemplo, al leer este párrafo, la información visual conformada por las letras que componen palabras y frases, la está procesando en el almacén fonológico, no en el cuaderno de dibujo (otro componente del modelo que procesa información visual y espacial). Y lo hace gracias a que está actuando el control articulatorio, mediante la subvocalización de las palabras escritas.

El efecto de la longitud de las palabras en la memoria operativa

Dado que el tiempo de decaimiento de la información es muy breve, el recuerdo de una serie de palabras es peor cuando son palabras largas que cuando son cortas.

Al escuchar, podremos recordar lo que seamos capaces de verbalizar en ese intervalo de tiempo (1’5-2 segundos). Si escuchamos palabras más largas, al necesitar estas de mayor tiempo, se podrán recordar menos que si las palabras son cortas.

Pero el factor clave es el tiempo, no tanto el número de sílabas de las palabras. Si usted habla lentamente, aunque las palabras que utilice sean cortas, el tiempo empleado en pronunciarlas se extenderá, lo que agotará el pequeño intervalo que las personas necesitamos para procesarlas en nuestra memoria operativa.

Por esta razón, en el caso de que tenga que dar una conferencia piense que, si habla demasiado lentamente, su audiencia tendrá más dificultades para comprenderle.

Esto tiene importantes implicaciones a la hora de presentar información. Por ejemplo, en una presentación multimedia no sería buena idea presentar un texto al tiempo que se lee en voz alta, ya que ambos contenidos se procesan en al bucle fonológico y, por lo tanto, lo sobrecargarían afectando negativamente a su comprensión y aprendizaje.  

Control Articulatorio

Actúa como un sistema de mantenimiento. Se utiliza para ensayar la información verbal, repetirla para que se “refresque” y mantenga en el almacén fonológico. Es, por tanto, un proceso activo de repaso verbal que se lleva cabo mediante la subvocalización, de forma que se contrarresta el rápido olvido que se produce en el almacén fonológico.

Es la “voz interior” que hace posible que las palabras no se desvanezcan rápidamente en el almacén fonológico.

Aprendizaje


El bucle fonológico no está implicado únicamente en la información verbal presentada mediante el habla. Cuando leemos, las palabras son percibidas visualmente, pero son trasladadas al almacén fonológico mediante la subvocalización.

Probando el papel del Control Articulatorio en la Memoria de Trabajo

Lea cualquier pasaje (puede ser cualquier párrafo de este artículo) mientras articula una sílaba sin sentido, por ejemplo “ta”. ¿Empeora su comprensión de la información contenida en el párrafo? ¡Seguro que sí!

Este es el efecto conocido como de “supresión articulatoria” puesto de manifiesto por Murray (1968 [5]), consistente en impedir la subvocalización del material a procesar (en este caso, el párrafo que usted haya elegido para este pequeño y personal experimento). Al suprimir el papel del control articulatorio, se impide que la información visual se repita mediante la subvocalización y pase al almacén fonológico.

Si, en lugar de al leer un texto, hace la prueba con información hablada (mientras escucha una conversación, por ejemplo), el efecto será similar, al impedir los ensayos de “repaso” de la información transmitida oralmente.

Cuaderno de Dibujo

Este sistema de la memoria de trabajo se ocupa de la creación y manipulación de información visual y espacial. El cuaderno de dibujo, o agenda visoespacial, facilita el aprendizaje proporcionando información sobre la apariencia de los objetos y el modo de usarlos. Ayuda a comprender visualmente sistemas complejos, siendo también utilizado para orientarnos espacialmente.

El cuaderno de dibujo también procesa información visual y espacial almacenada en la memoria a largo plazo. Por ejemplo, intente responder a la pregunta de cuántas ventanas tiene su casa. Es posible que para ello se imagine a usted fuera de su vivienda contando ventanas. Es decir, usted ha recuperado una imagen de su memoria a largo plazo para mostrarla en el cuaderno de dibujo. 

En presentaciones, no sobrecargue la memoria de trabajo

Tenga en cuenta que la memoria de trabajo tiene una capacidad muy limitada. Por ello, es más difícil desempeñar dos tareas visuales al mismo tiempo, ya que interferirán entre sí y sobrecargarán el cuaderno de dibujo. Igualmente, esta sobrecarga se dará también si se intentan realizar dos tareas verbales simultáneamente.

Así que, cuando exponga información en una presentación pública o en un curso de formación, cuide de no sobrecargar los sistemas.

Por ejemplo, presentar un texto en una pantalla al tiempo que se lee en voz alta sobrecarga el bucle fonológico. Será más adecuado utilizar narración oral, más imágenes; de esta forma la información se procesará en dos sistemas diferentes de la memoria de trabajo, sin sobrecargar ninguno de ellos.

Ejecutivo Central

El papel del ejecutivo central en la memoria de trabajo es el de sistema supervisor que dirige la atención y coordina las actividades de los otros componentes.

Una de las debilidades de la memoria de trabajo es la dificultad para mantener la atención. El ejecutivo central decide qué información debe atenderse, qué esfuerzo de procesamiento consciente se necesita y qué estrategias de procesamiento de la información se van a adoptar.

En el desarrollo de su función de “dirección”, integra al resto de subsistemas (bucle fonológico, cuaderno de dibujo y buffer episódico), enlazándolos con la memoria a largo plazo.

Buffer Episódico

El modelo multicomponente fue actualizado para explicar los resultados de varios experimentos que no concordaban con lo previsto (Baddeley, 2000 [6]).

Se incluyó el buffer episódico, como un sistema que actúa de almacén de respaldo y que se comunica con la memoria a largo plazo y los demás sistemas de la memoria de trabajo.

Controlado por el ejecutivo central, tiene la capacidad de integrar la información de diversas fuentes, tanto de la memoria operativa como de la memoria a largo plazo, pudiendo recuperar información en forma de conocimiento consciente y procesar esa información cuando es necesario.

Limitaciones de la Memoria de Trabajo

La memoria de trabajo es muy limitada. De un lado, tiene poca capacidad, ya que puede trabajar solo con unos pocos elementos que, además, se desvanecen rápidamente. Usted puede comprobar esto en cualquier momento. Por ejemplo, pruebe a memorizar esta serie de dígitos: 2849882.

Ahora, intente recordarlos. No es fácil, ¿verdad? Necesita hacer un esfuerzo mediante la repetición para traerlos a su memoria en el futuro. Y aun así es muy probable que, si no ha realizado ensayos de refresco, le sea imposible recuperarlos. Máxime si para usted no tienen ningún significado. Esto pone de manifiesto la escasa capacidad para retener la información.

Por otro lado, tampoco se puede operar con muchos elementos. Ahora, mentalmente, reproduzca la serie de números en orden inverso. Es más difícil y si, además, intenta recordarla, pero sumando un 1 al primer dígito, 2 al segundo, y así sucesivamente hasta añadir 8 al último, verá que la tarea es casi imposible.

La razón de ello es que ha sobrecargado la memoria de trabajo con una serie de operaciones que la han desbordado. Es decir, a la dificultad que supone el rápido desvanecimiento de la información, hay que añadir que esta no puede estar trabajar simultáneamente con muchos elementos.

El “número mágico” de la memoria de trabajo

¿Cuántos son “muchos elementos”? Miller estableció en su famoso artículo de 1956 [7] que las personas podemos retener en nuestra memoria a corto plazo 7 (más/menos 2) elementos. Puede usted hacer la prueba memorizando cada una de las siguientes series numéricas:

  • 254
  • 2876
  • 82963
  • 627137
  • 7392177
  • 39472663

Con las primeras series no tendremos problemas. De hecho, la mayoría de las personas recordaremos aproximadamente 7 dígitos en el mismo orden.

No obstante, estos pueden ser agrupados en “fragmentos”. Por ejemplo, la última serie en tres: 394-72-663. Esta agrupación en tres bloques facilita la recuperación de los dígitos. Pero, entonces, lo que estamos haciendo es memorizar tres elementos (agrupaciones), no siete.

Al respecto, Cowan [8] postula que una capacidad de memoria de trabajo en torno a 4 unidades de información.

Si desea probar su amplitud de memorización de dígitos, puede utilizar esta prueba en línea.

Podemos imaginar la memoria de trabajo como un sistema de ranuras en la que pueden integrarse un número limitado de unidades de información para trabajar con ellas. Una vez que estas ranuras están completas, no pueden añadirse más elementos sin sobrecargar la memoria operativa.

Memoria de Trabajo y Mejora del Aprendizaje

Sobre la base de lo expuesto acerca de la memoria de trabajo y sus limitaciones (recordemos que tiene una muy reducida capacidad para almacenar información y que esta se mantiene activa durante periodos muy breves), es posible atisbar qué hacer para mejorar el aprendizaje, que consiste precisamente en trasladar la información a la memoria a largo plazo.

  • Despertar interés. Enfocará la atención en la información relevante.
  • Apoyarse en imágenes. Para ayudar a comprender la información. Además, las imágenes se recuerdan mejor y centran mejor la atención.
  • Utilizar combinadamente los canales visual y auditivo. Ampliando así la capacidad de procesamiento de la información de la memoria de trabajo.
  • Facilitar la formación de fragmentos de información. Agrupando la información se mejora el trabajo de la memoria operativa.
  • Dividir los grandes bloques de información en paquetes más pequeños. Lo que reducirá la sobrecarga de la memoria operativa, que podrá trabajar con menos elementos y, por tanto, más eficazmente.
  • Presentar información detallada, significativa y contextual. Para mejorar el aprendizaje, el material presentado debe tener significado para la audiencia. Una opción es presentar ejemplos del mundo real, con la que el público esté familiarizado de forma que conecten con la información que ya tienen en el cerebro. También pueden usarse ejemplos personales y detallados.
  • Conectar nueva información con la que ya se posee. Facilitando la integración con los esquemas de conocimiento ya existentes.
  • Repetir. Retenemos la información durante 20-30 segundos. Si no hacemos nada con ellas, se pierde. Así, para ampliar el tiempo de retención, la repetición en ensayos de mantenimiento es positiva para conservar la información en la memoria de trabajo.
  • Realizar ensayos elaborativos. Pensar o hablar de algo justo después de que suceda, fortalece el recuerdo.

Notas

[1] Atkinson, R. C., y Shiffrin, R. M. (1968). “Human memory: A proposed system and its control processes”, en Spence, K. W. and Spence, J. T. (eds.), The psychology of learning and motivation: Advances in research and theory (vol. 2, pp. 89–195).

[2] Baddeley, A. D., & Hitch, G. (1974). Working memory. In G.H. Bower (Ed.), The psychology of learning and motivation: Advances in research and theory (Vol. 8, pp. 47–89). New York: Academic Press.

[3] Baddeley, A. D. (1986). Working memory. Oxford: Oxford University Press.

[4] Baddeley, A. D. (2000). The episodic buffer: A new component of working memory? Trends in Cognitive Sciences, 4, (11): 417-423.

[5] Murray, D.J.  (1968). Articulation and acoustic confunsability in short-term memory. Journal of Experimental Psychology, 78, 679-684.

[6] Baddeley, A. D. (2000). The episodic buffer: A new component of working memory? Trends in Cognitive Sciences, 4, (11): 417-423.

[7] Miller, G. (1956). The magical number seven, plus or minus two: Some limits on our capacity for processing information. The psychological review, 63, 81-97.

[8] Cowan, N. (2010). The magical mystery four how is working memory capacity limited, and why? Current directions in psychological science, 19(1), 51-57.

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